Por Juan Raúl Moncada
“Nos encontramos con un hipódromo en ruinas”, la frase, “off the récord” que se escuchó en varias bocas, de la gente que se hizo cargo de Las Flores hace ya poco más de cuatro meses y que este domingo 29 de setiembre hizo su estreno ante el público.
“Todo destruido, sin registros de nada, con miles de cosas que no funcionaban”, algo que era lógico de suponer, atendiendo a lo que se vio en las últimas y muy esporádicas reuniones hípicas.
Es verdad: Las Flores sufrió desde principios de 2015 una decadencia que lo terminó depositando en un lugar muy cercano a las ruinas, a las que se refirieron varios de los nuevos actores del tradicional escenario santafesino.
Primero la brusca caída de la actividad, sumado a la falta de mantenimiento, y entre otras, solo para apuntar una, lo que fue la bochornosa situación, cuando previo a una reunión hípica, se realizó un allanamiento policial, que terminó con varios detenidos, todo esto, bajo la administración de la Unión de Trabajadores del Turf (UTTA) a cargo del Dr. Carlos Daniel Felice.
Tras esto, la conversión de los trabajadores del gremio en una Cooperativa, donde los mismos quedaron desamparados, perdiendo la mayoría de sus derechos y avizorando un final como se dio. Con una rescisión de contrato anticipado, sin derechos a reclamar por los años trabajados y para completar: una deuda pendiente con el Jockey Club de Santa Fe, con el que se había firmado un contrato.
Sin ahondar en mayores detalles, esto fue lo que sucedió en Las Flores en los últimos tiempos… lamentable, triste y un final que terminó desnudando el accionar de dirigentes que fracasaron y dejaron un escenario muy complicado.
La nueva administración encabezada por Andrés Balkenende (de muy buen trabajo en el Jockey Club de San Francisco) debutó el domingo 29 de setiembre y lo primordial fue la restauración de la actividad, el comienzo de la puesta en valor del hipódromo y la promesa que Las Flores vuelva a ser lo que en un tiempo fue: Un hipódromo.